articulo de jaume carreras

Se han establecido las reglas que ordenarán el mundo hasta nuestros días. Se ha creado la esfera sagrada que lo impregnará todo, y que contiene tanto lo espacial como lo temporal. Para que el hombre se pueda comunicar con una superioridad divina necesita de un lugar para hacerlo, y ese lugar es el espacio sagrado,  que aún necesita ser delimitado. Se erige así la puerta que excluye de esa comunicación a los que quedan fuera de ella. Un puerta que da entrada al más allá. El universo se ordena, tomando como vía de ascensión el axis mundi, que adoptará las formas de Universalis columnus, de escalera de Jacob, de árbol o de montaña. A través de ella el alma asciende hacia la deidad después de una vida terrena.

La comunicación se realiza en el altar de fuego, o ara, instalado en la ciudad fundada para tal fin. Una ciudad que reproduce la estructura visible del universo. Todo lo que acontece desde ese momento tiene una doble verdad: la verdad religiosa y la verdad cotidiana. Lo sagrado no se crea ex-nihilio, sino que reinterpreta lo ya existente. El sonido del cuerno se interpreta como llamada de los dioses, pero sigue teniendo otra función más terrenal. Todo depende del momento. Por ello se instaura un tiempo para lo sagrado, que separa las áreas cotidianas de las ultraterrenas. Es el tiempo de las fiestas que rompe con la cotidianidad. En la fiesta se reactualiza el acontecer sagrado, un hecho mítico,  el momento de la revelación de lo divino. Pues todo lo sagrado se funda en la revelación. Durante la fiesta se relata la historia sagrada que revela al mito. En este intervalo sagrado el hombre se permite imitar a los dioses  o a los héroes fundacionales. La ingesta, el sacrificio, la alienación de la mente a través de danzas orgiásticas, trascienden para alcanzar la ingravidez de lo celestial.

Con la aparición de lo sagrado, se establecen símbolos que otorgan otros significados a lo cotidiano. Un collar puede tener una función decorativa y a la vez mágica al convertirse en amuleto. Comienzan aquí las andanzas de muchas mitologías que definirán las diferentes culturas. Todas ellas tendrán una explicación para el origen del cosmos, para el origen del mundo, de la ciudad, y en todas ellas aparecerán seres supremos con capacidades superiores a las del hombre. En todas aparecerán objetos mágicos. Con ellas comienza el mundo tal como lo entendemos. Ese rito evocador de las mitologías forma parte de un mundo paralelo. Es una dramatización del mundo visible, manifiesto, una escisión entre  el mundo real y su representación sagrada. Toda representación sagrada se basa en el símbolo, que a su vez emerge de un fondo material. Esto se hace patente en la propia música. La música nace al hacer resonar un cuerpo (material) adquiriendo así una presencia simbólica. El símbolo no es más que una poetización de la realidad visible. Metaforiza la vida, los objetos, las plantas, los animales. Estos tienen ahora dos realidades, una material y otra poética que se expresan en otros parámetros más allá de su primer significado.

Cuando se produce un encuentro entre el hombre y el objeto se crea un diálogo entre ambos. El objeto comunica, a través de su apariencia, sus cualidades. El hombre utiliza sus sentidos para comprenderlos. A través de la vista, del olfato, el tacto, el gusto y el oído le otorga una realidad, una utilidad al objeto. Sólo después de haberlo comprendido en su dimensión terrenal lo poetiza, mediante el intelecto, y le otorga una cualidad simbólica, para comprenderlo en el mundo. Con ello intenta dar respuesta al origen y al porqué de ese objeto.

Jaume Carreras