sonidos de la naturaleza

Lo que llamamos prehistoria tiene su origen conceptual en el siglo XIX.  Sus artífices son arqueólogos, y su método es la categorización aristotélica. El pensamiento salvaje es el constructo excéntrico del mundo civilizado, del hombre de la urbs, final fatuo de la línea evolutiva. El hombre prehistórico es el primer eslabón de la jerarquía cognitiva. La historia que empieza antes de su historia, producida por el hombre antes del hombre: el pre-hombre. Aunque ese pensamiento salvaje, irracional, visceral, ya esconde el germen de nuestra lógica más compleja, de la tecnología y del arte que transforma lo lógico en estético. El pensamiento salvaje contiene ya todos nuestros pensamientos, aunque no les da la frágil forma que se crea y se recrea en cada eon de nuestra singladura. Ese pensamiento tiene objetos concretos, sobrevivirse a si mismos y permanecer en su entorno el mayor tiempo posible. Por ello se adapta a la naturaleza salvaje y a sus avatares, de los cuales el hombre es su cima.

Pero entre la vida vivida y la vida pensada debe haber un proceso. Ese proceso es lo que llamamos síntesis, y es la abstracción pura que ha permitido el desarrollo de sus actividades. Una vida no puede ser pensada al ritmo de ser vivida. Eso no permitiría la previsión, y por tanto la anticipación o lo que llamamos más recientemente futuro. La vida sería un bucle al no poder ser pensada de forma sintética, pues en ese pensamiento se recrean las posibilidades que se pueden presentar al pensar una acción antes de realizarla. De esta forma, el futuro está antes del pasado, porque el pasado solo puede ser recordado mientras el futuro puede ser pensado, una combinatoria de recuerdos que producen opciones para el futuro.

En ese contexto nace la mística. Y la mística no deja de ser una poética. Una poética de la vida, su forma no concreta pero necesaria para la supervivencia cognitiva y su desarrollo. Es el alter ego de lo material. Así surge la imago mundi, pues si el objeto es lo concreto, la poética crea su imagen. La poética adopta múltiples formas. El lenguaje es su forma más común, pues el lenguaje crea una imagen del objeto. Pero el lenguaje no se concreta solo en la palabra. La palabra es una de sus formas más abstractas y sintéticas. Aún hay otras formas más simples, más concretas, como la representación pictórica. La poética se extiende hacia horizontes todavía más abstractos, cuyo culmen es la música. La música no tiene forma, existe sólo en el oído y se desvanece con el tiempo, pero su poder de generar imágenes es superior a cualquier otra forma de abstracción.

Jaume Carreras